viernes, 3 de marzo de 2017
Antes de ser encontrada muerta, niña de 8 años había escrito sobre su horrible abuso en su diario
“No me gusta esta vida”.
Gizzell Ford, de 8 años, tenía un diario como todas las niñas de su edad. Estaba adornado con un arcoíris y el plumón rosa era su favorito para escribir los pensamientos y momentos más sobresalientes que tenía en cada día.
Las primeras hojas del diario de Gizzy, como la llamaban sus amigos, eran de momentos típicos de una dulce niña de 8 años.
Pero durante las vacaciones de verano de 2013, comenzó a detallar los supuestos abusos que sufría en manos de su abuela. Escribió que si hacía las cosas bien no la castigaría.
También dejó evidencia que la obligaba a ponerse en cuclillas y quedarse quieta durante horas.
Se sentía ansiosa porque las clases comenzaran para poder irse de la casa de su abuela.
“Voy a ser una niña buena e inteligente. Puedo hacer cualquier cosa que me proponga. La gente dice que soy inteligente, valiente y hermosa. Voy a estar bien”.
Más tarde escribió: “No es cierto. Fallé”.
La última vez que escribió en su diario fue el 11 de julio de 2013, en Chicago, EEUU, en donde plasmó: “No me gusta esta vida porque ahora estoy en problemas muy serios”.
Gizzy fue asesinada al día siguiente. La habían estrangulado y golpeado brutalmente. Su cuerpo fue encontrado en el departamento de su abuela, que estaba lleno de basura.
Tras la investigación, se determinó que el padre de la niña, Andre Ford, dirigió los ataques y la abuela, Helen Ford, de 55 años, los ejecutó.
La abuela está en juicio por el asesinato y Andre murió en 2014 de un infarto, después de estar postrado en cama.
Los fiscales de la corte cuentan con la evidencia de los castigos a Gizzy, que podrían ir desde amarrarla a la cama o dejarla sin comida ni agua por varios días. Una vez fue cruelmente castigada cuando trató de beber un sorbo de agua de un retrete.
Un hermano de Gizzell, de 10 años de edad, testificó y dio fe de los abusos que él también sufría.
Confesó que había visto cómo su abuela utilizaba una espátula para pegarle a Gizzy en la boca. La obligaba a permanecer horas de pie y a comer pimienta picante; si gritaba, le ponía un calcetín en la boca.
Al ver el cadáver de la niña, los fiscales admitieron que era el caso más cruel que habían visto en su vida.
Judie Smith, abogada defensora de la abuela Helen, dijo que la acusada estaba con exceso de trabajo y que llegaba a sentirse abrumada con las responsabilidades diarias de cuidar a un hijo enfermo y a tres nietos. Y aseguró que muchas de las lesiones de Gizzy eran auto autoinfligidas.
“Era una niña con severos problemas. Lo soportaba hiriéndose a sí misma”.





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